Opinión

Estas líneas son en reconocimiento para esos verdaderos héroes de la patria que continúan presos indebidamente. También para quienes han sido liberados pero con restricciones serias a sus derechos ciudadanos. Para todos ellos un fuerte abrazo solidario.
El problema, por lo visto, no es Oslo. Tampoco negociar la salida de un régimen narco-genocida como el venezolano. Es, por ejemplo, la carga que, sin respeto por su dignidad, le hemos montado sobre los hombros al presidente Duque.
Cuando se quiere definir un conflicto a distancia y sin tener el apoyo suficiente de los pueblos, puede suceder lo que a India y Pakistán dividida por los ingleses en 1947 sobre una mesa, un mapa y una regla que trazó los límites de castas y religiones.
Pese a los problemas esbozados soy optimista con respecto al futuro de mi hija y su grupo familiar, porque estoy convencido de que Dios nunca nos manda un peso que nosotros no podamos soportar, dicho en términos más mundanos: lo que no nos mata nos fortalece.
Violar la Constitución no es una opción opositora para salir de esta tragedia. No se puede cometer el error que tanto se critica y ataca cometiendo el mismo error. El tiempo corre indetenible e imperturbable.
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