Opinión

Si leyésemos las obras literarias como documentos de la realidad, de seguro llegaríamos a la conclusión de que los soldados venezolanos, y el mundo militar en general, han sido un obstáculo para el desarrollo del país.
Hoy contemplamos por una parte la tragedia grande y por otra, las caricaturas que representan cada versión del funcionariado de la revolución sobre las causas del apagón.
Lo que vive la sociedad venezolana es la extensión de dos décadas de un ámbito operacional con excusas, justificación y solapamiento de responsabilidades a fin de validar el proyecto político de la revolución bolivariana, ya en metástasis y repudiada.
Cuando un país tiene los campos de las artes saludables, tiene su memoria resguardada. Nuestro país posee una lectura creativa femenina vigorosa. Eso no lo van a destruir los bárbaros: eso está allí, en espera.
Son ellos los herederos de la ética izquierdista de los académicos e intelectuales, y es desde ese manual que le pretenden explicar realidades que les son ajenas.
Aunque es más bien baja y achaparrada lo de alta comisionada le viene bien, para compensar las complejidades de la falta de estatura. Pero lo de los DD HH como que no es lo suyo, en especial cuando aquellos no están en consonancia con su ideología.
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