Opinión

En medio de estas luchas permanentes por la liberación, recibimos una de las peores noticias de los últimos tiempos. Se trata de la muerte del amigo y compañero de toda la vida Alfredo Weil Reina. Nos conocimos desde los remotos tiempos de la Juventud Revolucionaria Copeyana -JRC- y desde entonces compartimos sueños, esperanzas y batallas compartidas.
Si leyésemos las obras literarias como documentos de la realidad, de seguro llegaríamos a la conclusión de que los soldados venezolanos, y el mundo militar en general, han sido un obstáculo para el desarrollo del país.
Son ellos los herederos de la ética izquierdista de los académicos e intelectuales, y es desde ese manual que le pretenden explicar realidades que les son ajenas.
Hoy contemplamos por una parte la tragedia grande y por otra, las caricaturas que representan cada versión del funcionariado de la revolución sobre las causas del apagón.
Lo que vive la sociedad venezolana es la extensión de dos décadas de un ámbito operacional con excusas, justificación y solapamiento de responsabilidades a fin de validar el proyecto político de la revolución bolivariana, ya en metástasis y repudiada.
Cuando un país tiene los campos de las artes saludables, tiene su memoria resguardada. Nuestro país posee una lectura creativa femenina vigorosa. Eso no lo van a destruir los bárbaros: eso está allí, en espera.
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