A Teodoro Petkoff hay que reconocerle el haber trabajado en una de las mediaciones más difíciles y frustrantes de la política: conciliar el marxismo con un sistema de libertades.

En el pasado mes de abril, a propósito de los 200 años del nacimiento de Carlos Marx y 170 años del Manifiesto Comunista, el exministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, escribió un prólogo al manifiesto que sería publicado poco después por Vintage Classics. El escrito de Varoufakis fue denso y, logró profundizar sobre las predicciones del manifiesto en relación a la globalización y sus ya visibles síntomas de agotamiento. Se trata de un prólogo para ser leído por alguien dispuesto a mirar la realidad circundante, y por eso su lectura significó para mí una revisita al pensamiento político de Teodoro Petkoff. Significó igualmente saber que Petkoff había llegado a una orilla aún intransitada por Varoufakis.

En vista de eso, en el mes de mayo escribí el artículo Políticos (IV): de Petkoff a Varoufakis, en un intento de responder a esa experiencia lectora, y como en mis tiempos universitarios, intenté inferir la posible respuesta de Teodoro. Sin embargo, como actualmente no es posible utilizar el enlace de Correo del Caroní para abrir el artículo, debido a problemas en la plataforma del diario, hemos decidido publicarlo nuevamente.

Pude haber escrito hoy sobre ese duelo sentido por muchos venezolanos ante la noticia del fallecimiento de Teodoro Petkoff. Para mí, fue y es como un padre, un guía, y un revisitado tesoro de nuestro legado cultural. Por los momentos, es un honor traer nuevamente este artículo al lector del Correo.

Los políticos (IV): De Petkoff a Varoufakis

Publicado en Correo del Caroní el 16-05-18.

Por Rosix Rincones Díaz

Te equivocaste conmigo. Canción de Franco De Vita

Iniciando la década de los años 90, los profesores de la Universidad de Guayana (UNEG) invitaron a Teodoro Petkoff a dar una conferencia en el contexto de las primeras elecciones regionales. En ese momento había mucho ánimo de participación, y los estudiantes estaban ansiosos de que Petkoff les comentara sobre el socialismo y sobre el régimen cubano como modelo comunista. Muy en línea con el pensamiento de sus libros, el político confirmó sobre el fracaso del modelo cubano. Al describir el retraso tecnológico de la isla, afirmó algo que parafraseo aquí, y es que el marxismo nunca planteó que se regresara a la Edad de Piedra, sino todo lo contrario. En la audiencia ya había gente moviéndose en su silla, mirando para la puerta, molesta de que le cambiaran el cuento de hadas. Teodoro continuó su conferencia, y con su retórica lapidaria, aseguró que ni siquiera Fidel Castro leía el Granma. Cuando terminó la charla, hubo quienes consideraron a Teodoro algo así como un traidor.

Nada más lejos. A través de su discurso, la fidelidad de Teodoro fue con la gente que lo estaba escuchando, y también con la rigurosidad académica que merece un público universitario. Pero hay algo más, ahora que la globalización ha puesto evidencias sobre la mesa, es cuando están apareciendo escritos reveladores sobre la vigencia del manifiesto, y a mi juicio, la posición de Teodoro está siendo convalidada. Sin embargo, todavía hay una cuesta que remontar, y es la de esa audiencia de izquierda que sigue aferrada a esquemas comprobadamente disfuncionales.

A Teodoro Petkoff hay que reconocerle el haber trabajado en una de las mediaciones más difíciles y frustrantes de la política: conciliar el marxismo con un sistema de libertades. De manera similar intentó hacerlo Yanis Varoufakis, cuando fue designado ministro de finanzas del Gobierno de Grecia en el 2015.

Ambos Petkoff y Varoufakis son economistas y estudiosos del pensamiento de Marx y Engels. A diferencia de Teodoro, Varoufakis no entra en la política sino varios años después de una larga trayectoria académica. Quizás, de haber tenido este último mayor experiencia en funciones públicas y en la ejecución de planes, su negociación con la Unión Europea durante la crisis económica griega hubiese sido más viable.

Ahora el exministro griego se ha dedicado a escribir sobre cómo la globalización vino a constatar las predicciones del manifiesto comunista hace ciento setenta años. De acuerdo al manifiesto, el capitalismo era el motor para propulsar la expansión de la tecnología en el mundo, y fue esta una idea cuestionada muchas veces previo al advenimiento de la globalización. Sin embargo, en ese mismo orden el exministro griego afirma que al leer el manifiesto hoy se puede reconocer el mundo actual y describió el descenso del capitalismo en tres puntos: la desigualdad insoportable, el cambio climático y el secuestro de las democracias por parte de banqueros y multimillonarios. En ese sentido, Varoufakis afirma que el manifiesto también prescribió la solución para esos resultados, y es por ello que está realizando conferencias y preparando el terreno para los escenarios venideros.

Las señales de cómo el sistema se devora a sí mismo están apareciendo. Al escritor y economista español José Luis Sampedro se le preguntó sobre por qué los españoles y sus descendientes se estaban regresando a España y respondió: “Es que el capitalismo se está encogiendo”.

Ante este panorama de que vendría el manifiesto a socorrer el declive del capital, me corre un frío por el espinazo, nada más recordar la obsesión estatista del comunismo. Y como si esto ya no fuera suficiente, hay que agregarle el ingrediente de lo que podría llamarse religión de camaradas. Como el mismo Varoufakis señalara, el discurso del manifiesto es tan poderoso que ha despertado una tendencia a buscar “discípulos, creyentes, casi un sacerdocio” al punto de que “ganan influencia, enamoran a estudiantes impresionables, toman control del politburó y encarcelan a quien se les resista”, Estatismo y religión en una sola, la pregunta es si Varoufakis ve viable ese cruce del capitalismo hacia un capital común, mientras perviva el esquema político con que se ha pretendido imponer el comunismo.

Efectivamente, se trata de un esquema o mentalidad que sigue vivito en el pensamiento de la izquierda borbónica referida por Petkoff como: “la que no olvida ni aprende”. Una izquierda que no está dispuesta a reconocer los errores cometidos e insiste en repetir las mismas fórmulas que han destruido economías y culturas. Si es cierta la premisa de que la decadencia del capital puede revertirse a través del interés común, el comunista le haría un favor a su causa si no despreciara a la democracia.

En ese sentido, vale mucho entender el pensamiento del político venezolano. La quintaesencia del problema es el control del poder y evitar a toda costa los totalitarismos, debe ser por eso que Teodoro tenía preferencia por el sistema parlamentario. Partiendo de su postura, y si es cierto el desenlace previsto por el manifiesto, entonces que pase por el debate de un parlamento. Si son ciertas las predicciones sobre la evolución de la tecnología y la urgencia de resolver los conflictos que ahorcan a la gente, que se ventilen las salidas en una democracia real. Queda apostar a la democracia, porque ni siquiera para el comunismo hay otra vía que valga la pena.

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