Con la hiperinflación el trabajo pierde sentido. Quienes son responsables de las políticas que dan lugar a este estado, incurren en un tipo de genocidio de los trabajadores.

 

@hl_lucena

Vamos a abordar un tema sumamente importante en la vida laboral y en la vida general de una sociedad como es la hiperinflación y el trabajo, entendida la primera al alcanzarse durante al menos tres meses continuos una inflación mensual de un 50% o más. Es lo que vive Venezuela desde noviembre del 2017 y persiste en el día de hoy.

Al presente Venezuela es el único país en el mundo que sufre actualmente una situación hiperinflacionaria. No es un fenómenos usual en la vida de las sociedades, su ocurrencia en la mayoría de los casos ha estado ligada a catástrofes derivadas de guerras o de erráticas conducciones de la política económica, que es justo esto último el caso nuestro.

Lo errático de la conducción de la política económica a su vez es la consecuencia de una visión ideológica, que conlleva la toma de decisiones políticas y sociales que traen consigo efectos destructivos de las estructuras productivas, así como del valor del trabajo y de la riqueza tanto material como institucional, que conlleva con ello el deterioro de los capitales, especialmente el humano. Éste se minimiza, pierde su valor, aunque las personas pueden agudizar su ingenio para sobrevivir, sea explorando cómo tener ingresos incluso independientemente del trabajo, sea recibir ayudas, dádivas como es el caso de muchas políticas gubernamentales; de todos modos las personas se restringen en sus consumos, en su calidad de vida; se cambian hábitos y costumbres buscando cómo estirar los ingresos. Otros conciudadanos migran a diversas actividades que brinden algunos ingresos, por esa vía se descuidan los empleos u ocupaciones matrices asumiendo actividades circunstanciales, todo porque las primeras no remuneran el esfuerzo dado. Hasta se ha generalizado el abandono de empleos porque no permiten cubrir la comida que ha de hacerse en la calle, o el pago del transporte de ida y vuelta al hogar.

En muchos casos se mantiene el estímulo de atender el trabajo, no tanto por la remuneración del esfuerzo, sino por que otorgan beneficios colaterales o accesorios a la remuneración, sea una comida balanceada y abundante, transporte, servicio médico, entrega de útiles de seguridad personal e industrial, que en algunos casos a su vez son vendidos en la calle, por ejemplo unas botas de seguridad pueden representar el salario de varios meses, y muy importante el acceso a los productos que se fabrican en esa empresa. La gerencia reconoce que esos beneficios representan en muchos casos, más dinero que el pago de los salarios.

También hay los que se van del país, no aguantan tanta penuria, falta de reconocimiento a su capacidad de producir, falta o pérdida de expectativas, incluso emigran corriendo riesgos de ir a lo desconocido, con informaciones insuficientes, pero asumiéndolos. Ya de tanta emigración venezolana hacia los países de la región, al fin sus gobiernos han entendido lo anormal de lo que acá había venido ocurriendo en materia política y económica, que si bien pudo ser barnizado con una política exterior del régimen, dilapidadora de riquezas para comprar apoyos en las relaciones internacionales.

Las consecuencias que tiene este fenómeno son harto complejas y rebasan el esfuerzo específico que pretendemos en este breve artículo. Pero entendiendo que uno de los impactos más sentidos en la sociedad es el que ocurre en el trabajo, en su valor y capacidad de darle respuesta a quienes lo ejecutan, que es potencialmente toda la población económicamente activa de una sociedad.

El trabajo tiene significado porque en primer lugar permite satisfacer necesidades básicas, ello incluye alimentación, salud y gastos del hogar. Se trata de poder adquirir la canasta alimentaria y la básica, esta última contempla incluso algunos elementos que agregan la educación, el transporte y la recreación. Entonces, si no es posible poder adquirir estos elementos imprescindibles para la vida personal y familiar, nos preguntamos ¿qué sentido tiene el trabajo? En los diversos enfoques del significado del trabajo, la sobrevivencia siempre representa su punto de partida, su fundamento. Si no te da para vivir decentemente ¿qué sentido tiene trabajar?

Más allá de poder satisfacer las necesidades básicas, el trabajo tiene otros significados, ya que es una vía para crecer a la par del desarrollo del individuo y de su vida familiar, pero todo lo demás tiene sentido si se cumple la condición que el esfuerzo laboral permita satisfacer necesidades fundamentales para la existencia.

En paralelo hay necesidades afectivas, de pertenencia, de identidad, espirituales, de orgullo, culturales, que pueden o no estar presentes y relacionadas con el trabajo, lo deseable es que el trabajo es más que satisfacer necesidades básicas; no solo por las implicaciones económicas para la sociedad, para las instituciones productivas, sino para el ejecutante cotidiano. De todos modos, no hay duda que las personas se vinculan con otros ámbitos de pertenencia, sea la familia, la comunidad, la religión, el gremio, los grupos o entidades de adscripción, que también satisfacen necesidades de diversa naturaleza, pero entendiendo que es el trabajo la fuente principal de la provisión de lo material.

Con la hiperinflación el trabajo pierde sentido. Quienes son responsables de las políticas que dan lugar a este estado, incurren en un tipo de genocidio de los trabajadores.

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