Cuando para el socialismo del siglo XXI se acerca la hora de cierre del ciclo histórico, sus voceros intentan acrobacias harto conocidas, y cuales Nerón con el incendio propagado tocan la lira del control mediático en el ritornelo de promesas y amenazas gastadas.

“Ana Mile/ tú no tienes/ no tienes la culpa/ que tu niño esté llorando/ y su padre no cumpla. Queda un camino de piedra y filo/ y la revancha/que da el destino/luz de esperanza/ corre y alcanza/justicia arriba está la balanza”.

La letra es de un tema del género de salsa, del grupo Niche, de Colombia. Intenta melódicamente ser especie de expresión de los problemas entronizados de la pobreza que se reproducen en cualquier tiempo y espacio latinoamericano casi de idéntica manera. Letras de ritmos hechos para el baile, describiendo a su modo situaciones sociales ásperas (la familia, los jóvenes, la responsabilidad) y que no pueden explicar, como tampoco lo hacen suficientemente las ciencias sociales, muchos aspectos del hecho cultural y económico de la miseria. El punto es que por sobre las penurias y carencias materiales, la ausencia de la protección social que plasman las leyes para los más débiles. Por sobre la ausencia de programas gubernamentales sostenibles. Por sobre todo ello, las clases más desposeídas siempre manifiestan virtudes, bondades, sentimientos de gratitud, solidaridad, superación y aspiraciones nobles. Es condición alejada de la ruindad, vicios e imposturas de la miseria: sujetos, ideas y manifestaciones, venidos de la pobreza en algunos casos, pero también surgidos de capas sociales acomodadas, aunque igual carcomidos por el resentimiento y los cálculos retorcidos, usados para aprovechar las necesidades de la sociedad, haciendo trampolín hacia el poder que al alcanzarlo, los convierte, en todo lo que dijeron enfrentar.

“Reloj, no marques las horas”

¡Nada dura para siempre!, decía Héctor Lavoe, en otro tema salsero y esto viene a colación cuando se desgranan las horas que vive Venezuela en el esfuerzo empecinado de la población por vencer las manipulaciones de un proyecto agónico en lo político y ya difunto en sus proclamas de supuestos sueños. Cuando para el socialismo del siglo XXI, que sacó a flote casi todas las taras y miserias como ser nacional, dividió al país e hizo expandir el sarampión romántico de mitologías igualitaristas y del hombre nuevo, se acerca a las hora del cierre del ciclo histórico, los voceros intentan acrobacias harto conocidas y cual Nerón con el incendio propagado tocan la lira del control mediático en el ritornelo de promesas y amenazas gastadas. Así deviene el presagio en la gente que les mira sobre consecuencias lógicas de si no hay freno a la burla del hambre y las enfermedades de nuestras comunidades; si alguno de estos hoy perfumados revolucionarios no se le ocurre apartar sus delirios de poder infinito y mirar de frente a la realidad social, económica y política (Ana Mille abandonada y en paralelo el hartazgo de la comunidad internacional con las manos en la cabeza) veremos la tragedia que nos manchará a todos. El precio por la libertad, quizás, pero con costo grande por regresar al camino de la sindéresis perdida hace veinte años.

Proyecto País

El diputado Guaidó, presidente de la AN y presidente interino por atribuciones conferidas por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, asumidas mediante la figura constitucional de cabildo abierto el 23E, se mueve con soltura ante la disidencia chavista que se reúne con la directiva del Parlamento a esbozar sus propuestas. Acompaña sin complejos a asamblea de las cámaras empresariales del país; designa embajadores, participa en reuniones con asociaciones de productores del campo, rectores de las universidades y expone ante auditórium especializado el proyecto país, enunciando coordenadas sobre el porvenir y lo inminente de un gobierno de transición. Es de aplaudir, aun cuando no entendemos por qué las regiones no se hacen sentir, desde sus representantes parlamentarios, en las réplicas por estos patios, de algunas de estas significativas iniciativas que están marcando el rumbo venezolano.

Ahora, el proyecto país que (además de corregir los entuertos inmediatos) es del anhelo venezolano es esencialmente aquel que valore sin titubeos las ansias de participación ciudadana dentro de las estructuras y planes institucionales, que ni el gobierno socialista con todas las expectativas de justicia social, jamás implementó, ocultando con pantomimas las fachadas de su fiasco y corrupción. Ni tampoco los otrora fuertes partidos políticos en las décadas de los años 70, 80, 90, en razón de su conservadurismo e indiferencia con la sociedad se atrevieron a transitar a profundidad por mecanismos de expresión de nuevos protagonismos. La modalidad para este momento de definiciones de Venezuela y sus regiones traza, solapadas bajo prioridades de carácter nacional: restauración del Estado de Derecho, rescate económico y social. Traza, repito, la necesidad de abordar el respeto y valor de todos los sectores desde sus ideas, propuestas, con la garantía de integrar plenamente el debate público (sin bajezas, ni truculencias). Es la sed de transformaciones que tiene décadas en la sociedad venezolana sin respuestas efectiva; es decir, la democracia ejercida con dinamismo, ejemplaridad y rigor, ya que a fin de cuentas aquí todos estamos exhaustos de ladrones y de farsas. Es el patrón que termina ahora, en estas horas, cuando las últimas miserias de la revolución se enfocan a detener con barricadas de pajas la requerida ayuda humanitaria, pretendiendo aplastar una vez más la alternabilidad y la libertad. Por supuesto es también el patrón de conducta que tiene que ser derrotado en la dirigencia política situada a la sombra de partidos y procesos superados por el tiempo, sin vocación de regeneración, además de la espera por la oportunidad de la rapiña posible. Que no suenen nunca más los cantos de la pobreza manipulada, que la victoria contemple dejar atrás esas miserias que nos han impedido apreciar las potencialidades de esta tierra. En este momento se escribe un capitulo superior de la historia nacional y la lección con sangre regada en la ruta de los años deberá preservarse siempre.

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